El origen de la prosodia

leyendo con prosodia

En la infancia, los niños/as les dan sentido a las palabras sin entender realmente su significado. Escuchando ese lenguaje peculiar dirigido a los niños/as para conectar emocionalmente con ellos/as y descubrir sus necesidades, los peques comienzan a desarrollar un “oído” para el sonido de las palabras y para los patrones prosódicos de su lengua nativa. Las “observaciones auditivas” de los niños/as abarcan los patrones culturales específicos, por ejemplo, el acento regional y la entonación se codifican en la memoria y se reproducen más tarde a través de la imitación. A mí personalmente, como soy manchega y no andaluza, me resulta sorprendente, simpático, ver a un nene pequeñito, pequeñito, hablando andaluz, abriendo vocales en los plurales, con ausencia de “s” y con la entonación típica de aquí; en serio, es chulo. Claro, luego los niños en el cole, hablando de “Chupín”, me preguntan cosas como “Y tú por qué “dice” “chupa-chups” y no” chupachú”, que es como se dice”… Y yo me parto :).

Con todo ello, a medida que los niños llegan a tener un dominio más eficiente en la producción del lenguaje, su uso sufre un proceso de internalización. El lenguaje llega a diferenciarse entre el habla dialogada, comunicativa, que utilizan con otros, y el habla consigo mismo/a, el monólogo que usan durante el juego en solitario o cuando van a resolver problemas, la llamada “habla interna”, que va acompañada también de emoción por la interacción entre las redes cognitivas y emocionales del cerebro.

 

Continuará

Lawson, Kit (2012). The real power of parental reading aloud: exploring the affective and attentional dimensions. Australian Journal of Education, 56, 257-272. Accesible en http://research.acer.edu.au/aje/vol56/iss3/4

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